La historia de cómo el PDF logró convertirse en el formato por excelencia para compartir documentos en Internet

El PDF (siglas de ‘Formato de Documento Portable’) se ha convertido a lo largo de los años en un formato central en nuestro uso cotidiano de la tecnología, en un estándar a la hora de compartir todo tipo de documentos y en una pieza fundamental de la ‘oficina sin papeles’.

En parte, se debe al hecho de que podamos usar múltiples herramientas para convertir casi cualquier documento en un PDF fácilmente visualizable sin alteraciones en cualquier equipo.

Sumemos a eso su capacidad de editar formularios directamente en un PC, ahorrándonos la necesidad de volver a imprimir y escanear los documentos alterados, y empezaremos a hacernos una idea de por qué ha llegado a tener la importancia que hoy tiene.

Adobe en la prehistoria de la informática personal

En los primeros días de la informática personal e Internet, el intercambio de documentos era -en pocas palabras- una pesadilla: lograr documentos que se visualizaran igual en todos los dispositivos y sistemas operativos, y que al mismo tiempo fueran ligeros para facilitar su envío y almacenamiento… parecía una misión imposible.

Existía ya un buen candidato llamado PostScript, un lenguaje de programación que permitía compilar documentos, pero para poder soñar con convertirse en estándar PostScript necesitaba evolucionar en algo más sencillo y liviano.

Ahí es donde entra John Warnock, uno de los máximos responsables de haber logrado dar forma a PostScript a finales de los 70 mientras trabajaba para Xerox. En 1982, cansado de que la compañía no valorase sus propuestas, se juntó con otro empleado de Xerox, el recientemente fallecido Charles Geschke, para fundar una nueva empresa: Adobe Systems Incorporated.

En junio de 1975, el ‘Business Week’ publicó un artículo titulado “La oficina del futuro” en el que se planteaba por primera vez la idea de la ‘oficina sin papeles’.

El Proyecto Camelot

En 1991, John Warnock inició la revolución que marcaba el paso del papel al formato digital con una idea que bautizó como “The Camelot Project” (informe original disponible en PDF, por supuesto). El objetivo radicaba en que todo el mundo pudiera enviar la versión electrónica de un documento a donde quisiera, así como verla e imprimirla desde cualquier máquina:

“Imagínese poder enviar textos completos y documentos gráficos (periódicos, artículos de revistas, manuales técnicos, etc.) a través de las redes de distribución de correo electrónico. Estos documentos podrán verse en cualquier máquina y cualquier documento seleccionado podría imprimirse localmente. Esta capacidad realmente cambiaría la forma en que se administra la información”.

La primera vez que se habló en público de esta tecnología fue en 1991, durante una conferencia en San José, aunque entonces se denominaba aún ‘IPS’ (Intercambio PostScript). Pero, un año después, Adobe ya hablaba de ‘PDF’. Y el formato se había presentado, con críticas positivas de la prensa especializada, pero sin excesivo entusiasmo por parte del público, en la feria COMDEX.

Cómo el PDF le cambió la vida a los recaudadores de impuestos de EE.UU.

Al comenzar la década de los 90, el IRS (Servicio de Impuestos Internos) estadounidense era el responsable de llevar a cabo el mayor envío masivo postal de la época: los formularios de impuestos, con millones de destinatarios… y una amplia variedad de excepciones y modelos diferentes, lo que convertía el envío en una auténtica pesadilla logística (y presupuestaria).

El IRS empezó a distribuir sus formularios en formato PDF a comienzos de 1994. Y sólo dos años más tarde, puso en marcha sus servidores web, desde donde difundía las versiones en PDF de más de 600 modelos de documentos distintos para su descarga. Y así, el Servicio de Impuestos Internos se convirtió en la primera gran historia de éxito que Adobe pudo enarbolar en defensa de su formato PDF.

Mientras tanto, el lanzamiento público del PDF había tenido lugar en junio de 1993, junto con la versión 1.9 de Adobe Acrobat. Ya entonces, el formato permitía la inclusión tanto de imágenes como de texto, así como la inclusión de hiperenlaces y de marcadores internos.

En un primer momento, la adopción de ambos (programa y formato) fue lenta, obstaculizada en parte por los largos tiempos de descarga de aquel temprano Internet, y por el requisito de contar con las caras licencias del software de Acrobat para poder crear los archivos PDF (y, al principio, incluso leer: Acrobat Reader costaba 50 dólares).

Sin embargo, esa adopción lenta fue también constante, y Acrobat fue ganando poco a poco terreno tanto en la informática personal (gracias, sobre todo, al lanzamiento del Acrobat Reader gratuito) como en la corporativa, y sumando atractivo a su formato añadiéndole constantemente nuevas funcionalidades.

Las sucesivas generaciones de PDF: de estándar ‘de facto’ a estándar oficial

Así, en 1999, cuando se lanzaron Acrobat 4 y la versión 1.3 del formato PDF, en poco tiempo el contador de descargas de Acrobat Reader (no se rebautizaría como Adobe Reader hasta 2003) de la web oficial superó la cifra de las 100 millones de descargas, dejando más que claro que el formato había llegado para quedarse.

Para entonces, los PDF ya incluían la mayoría de las funciones que podemos ver en nuestro día a día: formularios, encriptación mediante contraseñas, audio y vídeo embebidos, acciones JavaScript, elementos interactivos como las casillas de verificación, etc.

Sólo ocho años más tarde, en 2008, la especificación completa de la versión 1.7 del formato PDF se convirtió en estándar ISO, el 32000-1:2008. Con esta decisión, Adobe ‘daba en adopción’ a su bebé, y el futuro del formato dejaba de estar en sus manos.

Eso no ha impedido a la compañía lanzar sucesivas ‘extensiones’ del PDF 1.7 (con características extra no-estándar), la última de ellas en 2011. Mientras, el grupo de trabajo ISO diseñaba una nueva versión del estándar (ISO 32000-2:2017), que hace unos meses se tradujo en el lanzamiento del esperado PDF 2.0.

PDF 2.0 incluye nuevas características como la posibilidad de especificar condiciones de impresión y metadatos a nivel de página. Sin embargo, aún no existe software de visualización o creación de PDFs que sea compatible con dichas funciones (no, ni siquiera de Adobe). Es de esperar, sin embargo, que no tardemos mucho en poder probar esta nueva generación de este histórico formato.


La noticia

La historia de cómo el PDF logró convertirse en el formato por excelencia para compartir documentos en Internet

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Genbeta

por
Marcos Merino

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